la escuela de San Cristóbal, el arma que nunca debió estar allí y el Estado ausente
Un nene de 13 años muere por un disparo dentro del colegio. El agresor, de 15, llevó una escopeta sin que nadie lo revisara. ¿Falta de controles? ¿Violencia naturalizada? La sociedad pide respuestas y el Estado no las da.
Otra vez la tragedia. Otra vez una escuela argentina convertida en escenario de horror. El lunes, en la Escuela Normal “Mariano Moreno” de San Cristóbal (Santa Fe), un adolescente de 15 años sacó una escopeta de su mochila y mató a Tomás S., de 13 años, durante el acto de izamiento de la bandera. Dos chicos más quedaron heridos. Uno de ellos sigue en terapia intensiva.
La pregunta que todos se hacen, pero que nadie responde, es simple: ¿cómo es posible que un pibe de 15 años entre a una escuela con un arma de fuego sin que nadie lo note? No había detectores de metales. No había controles al ingreso. No había un adulto capacitado para prevenir lo imprevisible. El Estado, una vez más, brilló por su ausencia.
El agresor, Lucas R., no tenía antecedentes de violencia ni acoso escolar, según las primeras pericias. Pero eso no explica nada. ¿Dónde consiguió el arma? ¿Cómo la llevó hasta el colegio? ¿Ningún compañero vio algo raro? La ministra de Educación de Santa Fe habló de un “hecho inédito”. Pero no es inédito. En los últimos años hubo al menos cinco episodios similares en escuelas argentinas. La diferencia es que esta vez un chico murió.
El gobernador decretó duelo provincial. El presidente Milei tuiteó su repudio. Todos condenan, todos se horrorizan, pero nadie asume responsabilidades. No hay políticas serias de prevención de la violencia escolar. No hay controles de armas. No hay salud mental en las escuelas. Los docentes están solos, desbordados y mal pagos.
Mientras tanto, Tomás ya no volverá a su casa. Y Lucas, el agresor, es también una víctima de un sistema que no supo contenerlo. La Argentina de 2026 sigue siendo un país donde los chicos mueren dentro de las escuelas y el único debate que surge es si hubo o no “fallas aisladas”. No, no son fallas aisladas. Es el fracaso crónico de un Estado que abandonó la educación y la seguridad hace décadas.



